Frío.

Cuando camino, completamente sola, contemplo mi alma.

Hacía frio, demasiado, ya no notaba los dedos, que sujetaban una maleta verde fosforito. Se nota que yo no la compré. Mientras bajaba, me sentía feliz, no solo porque después de un mes volvía a casa, sino porque, por unas horas, iba a estar a solas, Sara y Elisa, ella y yo. Nos pusimos a hablar, mentalmente, y me sentía jodidamente a gusto. Pensaba en mí, en ti, en él, en Dexter, en la gente, en el mundo, en la noche, que a las 8, ya era cerrada. Por fin tuve un tiempo para desconectar de todo esto que me absorbe, y que apenas sirve de nada. Por no tener, no tengo ni tiempo para aburrirme, y nunca pensé que eso fuera malo. No saqué nada en claro, simplemente me lamenté como otras veces, como otra de tantas, pero bueno, desahogarme, aunque sea conmigo misma, es un alivio.

El camino en el bus, como siempre, resultó placentero. Escuchaba música, y contemplaba el paisaje de las luces en la oscuridad, imaginando a toda aquella gente, pensando en que será para ellos su vida. Si están gritando, comiendo, riendo, llorando…también me preguntaba que cojones me importa. Y sonreía. Nadie podía verme en aquella oscuridad. Hacía un calor asfixiante, pero no me importaba, sabía que en un rato volvería el frio otra vez.

Y volvió. Las calles estaban llenas de gente. Me sentía una extraña. Incluso con gafas, veía difusas sus caras. Eso me produce terror algunas veces; cada día veo peor y no sé hasta qué punto va a llegar esto.

Llegué al portal, mi madre, la señora presidenta de la comunidad, estaba decorándolo con motivos navideños. Me entró un escalofrío. La navidad ya no es lo que era ahora que siempre la malgasto estudiando. Viajar a Ferrol y a Burgos me incomoda enormemente. Para una vez que veo a mis abuelos no puedo disfrutar de su compañía, y eso me desquicia.

Subí las escaleras, y el saludo de los gatos fue cálido y natural, y solo mi hermano rompió la magia del momento. Puede sonar raro, pero necesitaba el calor de mis pequeños felinos después de tanto tiempo. Mi hermano está en una época rara en la que lo más importante parece ser que le vaya a ver jugar al Call of Duty, que por otra parte me encanta, pero no era el momento, el momento de mi vuelta a casa.

Y aquí estoy, en mi antiguo ordenador, escribiendo sobre las teclas que tantas veces me han soportado…necesitaba, hablarle, o desahogarme…durante todo el camino tuve la necesidad de escribir…

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